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Patrimonio rural

Patrimonio Rural, el valor de un capital en auge

Patrimonio Rural, el valor de un capital en auge

Para muchos ciudadanos, el medio rural representa un entorno duro, difícil, con grandes carencias, falto de infraestructuras y mal dotado de servicios; para otros en cambio, significa calidad de vida, bienestar, tranquilidad, desarrollo personal en armonía con la naturaleza. Todo ello resume el debate actual sobre el medio rural y la importancia de preservar su patrimonio.

Por encima de estas percepciones encontradas, está sin embargo, el reconocimiento general de que el medio rural cuenta con un gran capital, que es su patrimonio, herencia de siglos de cultura que ha ido creando una riqueza sin igual.

En primer lugar, el patrimonio rural representa un claro capital ecológico con infinidad de paisajes, multitud de valores naturales, biodiversidad única de flora y fauna.

El medio rural ofrece además un claro capital cultural; que hace referencia a un patrimonio heredado en el que se hace visible el paso de la historia, con tradiciones que mantienen casi intacta la identidad de los pueblos, y un legado agrícola de incalculable valor como son los de los productos locales, específicos de un lugar, de un territorio.

Otra manera en que se expresa la riqueza del capital de las zonas rurales, es el capital económico; evidenciado en multitud de iniciativas locales que se materializan en pequeñas y medianas empresas; así como en la búsqueda de entornos más agradables en ubicaciones rurales por parte de nuevas empresas innovadoras.

Todas estas formas de capital del medio rural están fuertemente interrelacionadas, son mutuamente dependientes y constituyen requisitos sine qua non para la calidad de vida en el medio rural. Este capital multidimensional es lo que lo hace, asimismo, atractivo a los ojos de los urbanitas y lo que, por otra parte se traduce, a través de diversos mecanismos en un importante flujo de ingresos e inversiones hacia las zonas rurales, como consecuencia de su reconocida potencialidad mediante el desarrollo de unos servicios adecuados para la población.

Todos estos parámetros han favorecido un cambio de enfoque de las políticas comunitarias en los últimos años hacia una nueva orientación más rural y no tan agrarista, que pone en valor su carácter multidimensional, de interés para la sociedad en general; esto es un medio rural fuerte y desarrollado, un campo vivo que dará respuesta a los retos de futuro que se planean en el medio rural y que tendrá éxito si se gestiona adecuadamente su enorme capital.

Samanta García-Carro

Europe Direct Galicia –Centro Europeo de Información Rural

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Conservación del patrimonio: garantía de continuidad

Conservación del patrimonio: garantía de continuidad

El patrimonio en su aspecto global es entendido como instrumento ordenador de los territorios rurales y señas de identidad de una zona o comarca, los habitantes del lugar deben reconocer en ellos sus señas de identidad y han de ser transmitidos a las generaciones venideras mejorados y acrecentados. Además, el patrimonio tiene que desempeñar una función social y ha de gestionarse con una intencionalidad: servir de factor de desarrollo al colectivo al que pertenece. El patrimonio se ha convertido en uno de los ejes centrales de la renovación de los territorios rurales, entendiéndolo como generador de nuevos empleos y como recurso turístico, de ahí que el patrimonio rural haya centrado parte de las iniciativas y proyectos de los grupos Proder y Leader.

El término patrimonio en su concepto amplio incluye tanto los bienes culturales de interés histórico-artístico o los edificios singulares de carácter monumental como las arquitecturas tradicionales, los pueblos, el patrimonio industrial, los antiguos y tradicionales oficios, el folklore, la gastronomía, las tradiciones, es decir, la herencia que se ha manifestado en las piedras y el legado etnológico que se trasmite en la música, los bailes, las fiestas, las viejas recetas o los talleres tradicionales. Con esta concepción se concibe el patrimonio como un recurso que es necesario conservar, proteger y valorizar para que se convierta en un instrumento al servicio del desarrollo de las comunidades rurales, un recurso capaz de crear riqueza, nuevos empleos y nuevas actividades.

Para poder utilizar este patrimonio como factor de desarrollo rural hay que tener en cuenta el estado actual del mismo. Así se percibe que ha sufrido un progresivo deterioro, debido al despoblamiento, al abandono de usos tradicionales, a la sustitución de lo rural por lo urbano y la consiguiente pérdida de identidad y de orgullo por lo rural.

La primera labor ante esta problemática alrededor del patrimonio son las campañas de sensibilización y divulgación sobre el patrimonio dirigidas a la población local, que es quien lo debe conocer y valorar para poder preservarlo. Cualquier iniciativa estará condenada al fracaso si no cuenta con la aceptación y la participación de la sociedad implicada. Es la sociedad de los lugares concretos la que tiene que valorar su propio patrimonio, que considere que forma parte de sus señas de identidad y que conforma sus señas paisajísticas. Los objetivos educativos y formativos se revelan indispensables en este empeño. Al mismo tiempo la sociedad rural tiene que adquirir la conciencia de que uno de sus recursos fundamentales lo constituye su propio patrimonio, entendiéndolo de manera dinámica y no sólo como salvaguarda de un pasado muchas veces maquillado o imaginario. La valoración del patrimonio rural tiene que caminar de forma paralela a la oferta de bienes culturales, de manera que garantice la cobertura de esas demandas.

A esta perspectiva se une otra: sólo se conserva lo que se usa. Con esta doble visión, la valoración, preservación y la utilización hacen que el futuro del patrimonio rural está prácticamente garantizado. Esta es la perspectiva que desde Europa se está imponiendo, la sensibilización para la conservación y la conservación para generar nuevos recursos

Paloma García Casado
IDC-Cuenca

Patrimonio que se respira

Patrimonio que se respira

El patrimonio Inmaterial encierra, desde lo tangible hasta lo intangible, mezclado en sentimientos de identidad y continuidad por medio de prácticas, representaciones y expresiones de las comunidades, grupos e individuos, que se van transmitiendo de generación en generación por medio de la recreación permanentemente en función de su medio, entornas naturales e historia, garantizándose de esta forma, la sostenibilidad de la diversidad.

Al hablar de patrimonio inmaterial se piensa en aquello que es no tácito y muchas veces es imperceptible, debido en muchas ocasiones, a su constante presencia. Es así como la música, las fotografías, los muebles, las casas, los olores, los sabores, los animales, los libros, los gestos y actitudes, los chistes, hasta los colores y las combinaciones que de ellos se logran, hacen que se tenga presencia específica en un lugar y espacio para construir identidad y sentidos colectivos.

Son pequeños o grandes detalles, como aquel viejo y retorcido camino que sirvió en algún momento de lugar de encuentro entre paisanos o, tal vez, esa ruana o poncho que se usa en ciertas comunidades y que son símbolo del reconocimiento y de su sentido de pertenencia o aceptación.

La vida está llena de recuerdos, de vivencias, de sentimientos, de necesidades y apropiación de construcciones, tanto individuales como colectivas, que van siendo plasmadas en la coexistencia de los seres. Paisajes vividos que van formando los entornas, por medio de la tradición y los tiempos, para permitir que la existencia se pueda insertar respetando los legados y los aportes constantes mientras que sigue siendo permeable y cambiante, sin perder su identidad.

Hombres y mujeres cargamos con un cúmulo de recuerdos, de información, de vivencias, emociones y sensaciones que interactúan para satisfacer, suplir, mejorar o cumplir necesidades.

Por el patrimonio inmaterial, que está presente en cada momento y situación, es que se usan, cuidan, disfrutan y comparten muchas pequeñas y grandes cosas, propias de la práctica permanente desde lo individual hasta lo colectivo y que permiten recrear el paisaje de manera única. Es todo aquello que pertenece, porque se ha o lo han heredado, lo ha o lo han construido, por eso está profundamente ligado con la vida. Los objetos o las ideas que están plasmadas en la construcción de algo hacen parte de la memoria, traen recuerdos, son testigos de la historia y serán legados para otros.

DORIS HELENA ROJAS
Proyecto entre Soles y Lunas
Asociación el Colletero. La Rioja

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Manos a la ob... al Patrimonio!!

Manos a la ob... al Patrimonio!!

La definición etimológica de Patrimonium, alude a aquello “que se recibe del padre”. Aunque esta descripción latina se centra estrictamente en el patriarca, a nadie se le escapa que el uso moderno del término Patrimonio”, asociado al entorno rural, hace referencia al legado cultural en sentido amplio de quienes nos precedieron, fruto de su sabiduría, sus errores, sus grandezas y sus miserias, con relación al contexto rural.

Esta herencia suele entenderse como un conjunto de costumbres, estilos de vida y formas de relación con el territorio cerradas y estáticas, como una cosa hecha y terminada. Y esta visión cerrada suele reforzarse en muchos de los ecomuseos, centros de interpretación y otras infraestructuras creadas para la valorización de los recursos locales, en los que se anima a disfrutar y entender el patrimonio como un objeto, procedente del pasado y ajeno a nosotros.

De hijos a padres
Pero resulta que los que fuimos hijos ahora somos padres, y algo legaremos a nuestros vástagos.
Solemos olvidar que lo que nosotros hacemos –y más aún, lo que no hacemos- también está modificando ese legado. De forma que resulta muy esencial que aquellas personas o grupos cuya actividad influye especialmente en el medio rural (administración europea, nacional y local, asociaciones, grupos de desarrollo rural, organizaciones agrarias) no olvidemos que ese regalo para el futuro, que constituye el patrimonio rural, depende especialmente de nosotros y de nuestra capacidad transformadora como colectividad humana. El actual poder económico y tecnológico de que gozamos en esta etapa de la historia en combinación con el delicado estado del medio rural, hace que nuestras actuaciones generen impactos (positivos o negativos) mayores que en épocas precedentes.

Si estamos de acuerdo en este diagnóstico, más nos valdría que nuestro impacto en el patrimonio sea meditado, planificado y consciente, y que éste común esfuerzo organizado sea transparente e involucre al máximo grupo de ciudadanos y ciudadanas. Tal vez así, lo que nuestros hijos reciban de padres y madres sea una auténtica herencia, de la que puedan sentirse orgullosos y que les permita vivir mejor a ellos, a sus hijos, y a los hijos de sus hijos.

 

Alfonso Troya
Europe Direct - CEIP La Rioja

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