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Conservación del patrimonio: garantía de continuidad

Conservación del patrimonio: garantía de continuidad

El patrimonio en su aspecto global es entendido como instrumento ordenador de los territorios rurales y señas de identidad de una zona o comarca, los habitantes del lugar deben reconocer en ellos sus señas de identidad y han de ser transmitidos a las generaciones venideras mejorados y acrecentados. Además, el patrimonio tiene que desempeñar una función social y ha de gestionarse con una intencionalidad: servir de factor de desarrollo al colectivo al que pertenece. El patrimonio se ha convertido en uno de los ejes centrales de la renovación de los territorios rurales, entendiéndolo como generador de nuevos empleos y como recurso turístico, de ahí que el patrimonio rural haya centrado parte de las iniciativas y proyectos de los grupos Proder y Leader.

El término patrimonio en su concepto amplio incluye tanto los bienes culturales de interés histórico-artístico o los edificios singulares de carácter monumental como las arquitecturas tradicionales, los pueblos, el patrimonio industrial, los antiguos y tradicionales oficios, el folklore, la gastronomía, las tradiciones, es decir, la herencia que se ha manifestado en las piedras y el legado etnológico que se trasmite en la música, los bailes, las fiestas, las viejas recetas o los talleres tradicionales. Con esta concepción se concibe el patrimonio como un recurso que es necesario conservar, proteger y valorizar para que se convierta en un instrumento al servicio del desarrollo de las comunidades rurales, un recurso capaz de crear riqueza, nuevos empleos y nuevas actividades.

Para poder utilizar este patrimonio como factor de desarrollo rural hay que tener en cuenta el estado actual del mismo. Así se percibe que ha sufrido un progresivo deterioro, debido al despoblamiento, al abandono de usos tradicionales, a la sustitución de lo rural por lo urbano y la consiguiente pérdida de identidad y de orgullo por lo rural.

La primera labor ante esta problemática alrededor del patrimonio son las campañas de sensibilización y divulgación sobre el patrimonio dirigidas a la población local, que es quien lo debe conocer y valorar para poder preservarlo. Cualquier iniciativa estará condenada al fracaso si no cuenta con la aceptación y la participación de la sociedad implicada. Es la sociedad de los lugares concretos la que tiene que valorar su propio patrimonio, que considere que forma parte de sus señas de identidad y que conforma sus señas paisajísticas. Los objetivos educativos y formativos se revelan indispensables en este empeño. Al mismo tiempo la sociedad rural tiene que adquirir la conciencia de que uno de sus recursos fundamentales lo constituye su propio patrimonio, entendiéndolo de manera dinámica y no sólo como salvaguarda de un pasado muchas veces maquillado o imaginario. La valoración del patrimonio rural tiene que caminar de forma paralela a la oferta de bienes culturales, de manera que garantice la cobertura de esas demandas.

A esta perspectiva se une otra: sólo se conserva lo que se usa. Con esta doble visión, la valoración, preservación y la utilización hacen que el futuro del patrimonio rural está prácticamente garantizado. Esta es la perspectiva que desde Europa se está imponiendo, la sensibilización para la conservación y la conservación para generar nuevos recursos

Paloma García Casado
IDC-Cuenca

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